lunes, 17 de octubre de 2016

¡Un día como siempre!

Me levanté, como todos los días la alarma sonaba escandalosamente anunciando las seis de la mañana. Aun adormilada caminaba al baño para lavarme la cara para que la flojera fuera desapareciendo. Ya habían dado las seis de la mañana con veinte minutos. ¡Si no me doy prisa llegare tarde! Al entrar a mi cuarto me pongo el uniforme lo mas rápido que puedo. Me arreglo el cabello, tomo mi mochila y bajo a la cocina, mi madre me espera con una malteada de chocolate. Me despido de ella y me dirijo al auto donde mi padre esta listo para arrancar. El trafico aun está tranquilo, al parecer sera un día muy normal. Llego a la escuela con quince minutos de puntualidad. Al entrar a mi salón todo esta oscuro, las luces aun no son prendidas y eso en realidad me aterra, poco a poco llegan mis compañeros, uno por uno. Exactamente cinco minutos antes de que den las siete cuando ya por lo menos hemos llegado veinte de los cuarenta y cinco el intendente se encarga de prender la luz. Y empiezan las clases. Yo pienso que todo, incluso la flojera es mental, así que trato de poner atención y todo se me hace mas fácil. Los descansos que me dan entre cada clase los aprovecho para comer y platicar con mis dos mejores amigas. Llega la hora de salir y una de mis amigas me invita a caminar con ella a la parada del bus. Le acepto la invitación y caminamos, a paso moderado charlamos amenamente para acortar el camino. Nos subimos al bus y por suerte quedan dos lugares juntos desocupados.
Llegamos a la ultima parada, ahí es cuando nos separamos ya que ella vive por un camino paralelo al mio. Al llegar a mi casa como en familia y tomo una pequeña siesta, al despertar solo alisto mis cosas para el siguiente día y me vuelvo a dormir.

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